“Me ponga cuarto y mitad de ciencia, por favor.”

Enamorada de la investigación cuando ni siquiera estaba de “moda” (y por supuesto de los numeritos y los Excel 😉 ), considero la ciencia como uno de los más potentes motores de cambio y avance en una sociedad. En gran medida, creo que gracias a las redes sociales, es cada vez más frecuente oír hablar de tratamientos basados en la evidencia (nutrición basada en la evidencia en mi caso) pero no solo entre profesionales si no que, a pie de calle, se empieza a ver al nivel de un hotel 5 estrellas.

Este salto desde el laboratorio al supermercado es desde luego positivo y un claro “tirón de orejas” a los inmovilismos y a los profesionales resistentes al cambio o a cualquier tipo de actualización. Sin embargo, y aquí viene mi reflexión personal motivadora de este post, ¿estamos transmitiendo de forma adecuada esta información a la población?

Los datos son poder y para un profesional sanitario los pilares de su trabajo. Desde este punto de vista, las redes son un torrente de conocimiento en el que yo misma me pierdo, pero del que obtengo muchísimo material para actualizarme (papers, infografías, libros, lecturas…) de compañeros DNs y de otras profesiones. Sin embargo mi sensación al abrir twitter, Facebook o muchos blogs, es que vomitamos números y pseudoconclusiones científicas sin saber quién está detrás de la pantalla. ¿En quién pensamos cuando elaboramos un post o un “indefenso” tweet? ¿Tratamos de enseñar a compañeros lo que hemos encontrado? Y en este caso, ¿Qué entendería una persona de a pie que pueda leerlo?

Bombardear a la población con datos que no son capaces de entender es como cargar un arma, ponerla en las manos de un niño y esperar que no dispare: “El azúcar produce metástasis”, “los alimentos congelados pierden todos sus nutrientes”, “lo natural es bueno”, “el gluten es un veneno para nuestro organismo”, “los alimentos hoy en día no tienen nutrientes”, “los transgénicos producen cáncer” (y un largo etcétera que una servidora ha tenido que escuchar a lo largo de los años).

Los Dietistas-Nutricionistas nos pasamos la vida derribando mitos y falsas creencias entre la población. Pero, ¿de dónde nace un mito? seguro que hay un millón de teorías, pero a mí personalmente me convence bastante la del “teléfono escacharrado”. El problema de esta teoría es que en gran medida, los culpables somos los divulgadores por no cuidar cómo hacemos llegar la información.

En definitiva, dado que tan importante es el contenido como el continente: SÍ, hay que seguir arrojando luz sobre la mayor evidencia posible, pero también, SÍ, necesitamos mejores formas de transmitirla. Debemos ser capaces de concienciar y educar sin crear una verdadera alarma social entorno a cada información.

 

Sandra De la Cruz Marcos

Dietista – Nutricionista DcienciaSalud