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Abuelos

La definición oficial de abuelos habla de “personas de las cuales descienden otras” o “respecto de alguien, el padre o la madre de su padre o de su madre”. Creo que estaréis conmigo de acuerdo en que resulta algo aséptico y quizá podríamos añadir “personas con infinita paciencia que dan amor incondicional a los hijos de sus hijos”.

Desde hace décadas estamos viviendo numerosos cambios a nivel cultural que han influido también en las relaciones entre abuelos y nietos. Además de la incorporación al trabajo de la mujer hace ya varias décadas, debemos añadir el aumento en la esperanza de vida, lo cual hace que muchas familias puedan contar con los abuelos para poder seguir manteniendo su ritmo de vida e incluso en algunos casos plantearse tener hijos. Pero, ¿es ese el papel que deseamos para los abuelos?

Los beneficios emocionales de la relación entre los abuelos y los nietos son compartidos y se ha convertido en el segundo vínculo de apego más importante después del de padres – hijos. No debemos olvidar, por otro lado, que la relación entre padres e hijos está condicionada por cómo nos educaron los ahora abuelos. 

Los primeros autores en explicar con detalle a los abuelos, fueron Neugarten y Weinstein (1964) que identificaron cinco estilos de ser abuelo. El primer estilo es el formal: aquellos abuelos que tienen una fuerte relación con sus nietos, tienen autoridad ante ellos y les cuidan mientras los padres están ausentes. Identifican también a los abuelos buscadores de diversión: se limitan a disfrutar, compartir actividades de ocio y no ejercen ningún control con sus nietos. También hablan de aquellos abuelos sustitutos del padre. Las razones son diversas, como en el caso de padres divorciados o el fallecimiento de alguno de ellos. Otra forma de ser abuelo es la que denominan transmisor de la sabiduría familiar: abuelos que tienen siempre una historia que contar y permite unir a distintas generaciones. Por último definen al abuelo como figura distante: casos en los que por movilidad geográfica no pueden tener un contacto tan frecuente. 

Sin duda la relación más gratificante sería la de aquellos abuelos que puede ver a sus nietos frecuentemente y simplemente se dedican a disfrutarse mutuamente. La relación abuelos – nietos es de goce mutuo. Por un lado, los abuelos tienen la posibilidad de disfrutar con los nietos sin la responsabilidad que supone ser el padre, y percibir la vejez de un modo más útil y valioso. En el caso de los nietos, supone salir de la rutina y las normas del día a día. La relación con los abuelos promueve en los niños el respeto por los mayores e incluso puede funcionar como modelos de conducta. Cuando los nietos son pequeños, los abuelos aconsejan y orientan. A medida que los nietos se hacen mayores estos roles cambian, y son ellos quienes aconsejan a los abuelos sobre diversas cuestiones. Se trata de una relación de enriquecimiento mutuo. 

Los abuelos promueven el anclaje entre padres e hijos, haciendo de mediadores en momentos de crisis para mantener la unidad familiar. 

Una de las funciones principales del abuelo es la de dar soporte emocional, convirtiéndose en confidentes de sus nietos. Como diría Bowlby, es el estar siempre disponible. 

Hay abuelos más satisfechos con su papel que otros, y esto afectará al modo en que perciban de adultos esos nietos el rol de abuelo. Wood y Robertson identificaron varios roles de abuelos, según la satisfacción por ejercer ese papel, sus experiencias vitales y por la libertad o no de comportarse según sus deseos, o por lo que se esperase de ellos como abuelos. Cuanta más satisfacción personal y social, más goce obtenían de la relación con sus nietos.

El privilegio de haber podido disfrutar de los abuelos nos permite conocernos mejor, ya que nos enseñan de dónde venimos y sobre todo en qué tipo de personas nos queremos convertir. Nos muestran el cariño sin límites y el sosiego del que vive sin prisa. Disfrutemos de ellos. Ahora con mucho cuidado o en la distancia, pero en cuanto podamos, disfrutemos de ellos más y mejor.

Seguramente dos de las experiencias más satisfactorias de la vida son ser nieto o ser abuelo. Donald A. Norberg 

Rosana Gallegos Pascual. Psicóloga infantil y juvenil

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